viernes, 12 de mayo de 2017

Algo sobre el azul de los hospitales

Jueves
- No me gusta Jesús, ni en la secundaria... pero lo atropellaron no lo iba a dejar. No te enojes, sabes que te doy servicio completo y dos por uno
- Pues si pero no mames, ya te había pagado la hora. ¿Al menos ya sabes como está ese wey? Te chingó el día y ya ni vas a hacer el examen
- No se Ramón, el sábado veo si despertó. Un rozón de huevos al profe y ya está. Al rato quedamos, pero ahora si un cuarto ¿eh?, nada de coches. Nomás me arreglo con el maestro. Bye
Silvya, colgó incómoda y cansada. Cobraba ochocientos pesos la cogida, no por falta de dinero; el iphone se lo compró su mamá, para el coche bastó cumplir diecisiete, era para que su belleza costara un poco más que una piel güerita a los patanes, ¿tener al mejor hombre? creyó que Ramón lo era, antes de que rompieran en la secundaria. Cómo le gustaba todavía.
Sólo Jesús fue su amigo, cuando cortó con Ramón la acompañaba a casa siempre. Ella por la costumbre le perdió el asco a su piel oscura, por eso cuando estudiaron en su cuarto no le repugnó jalársela, no porque ya lo quisiera, sino por la curiosidad de los catorce. A falta del príncipe un sapo que no le haría daño. Ese pito lo recordaba bien, por ser el primero que tuvo entre las manos. Parecía de plástico, con las venas saltadas y bien suave, ni grande ni chico, oscuro.
Sábado, 3:08 p.m. Hospital, habitación de Jesús
- ¿Ya sabías que estaba inconsciente verdad culero? siempre te ha caído mal Chuy porque sabes que a él se la chupé gratis ¿Por qué me citaste aquí?
- Es vegetal, puede ver y oír. ¿querías un cuarto no? Así ves a tu chicharo y yo desquito mi varo
- No chingues, no te las voy a dar aquí... ¿que tal si nos cachan?
Ramón prefiere no platicar y le ordena una vuelta, se acerca a apretarle las nalgas, levanta el entallado vestido azul rey. Empuja su espalda contra la pared para que sobresalga su culo, baja las bragas lo suficiente para exponer la zona del ano. Mete el indice entre sus apretadas nalgas, hasta que encuentra el orificio y lo penetra; ella corta el gemido con la mejilla en el muro. Enrojecido Jesús mira, con el cuerpo compactado, como por una cuerda.
-Cállate! -ordena Ramón mientras lástima el ano con la rapidez de sus movimientos.
- no dii... mmpfh -gime ella en tanto, cae de rodillas con las nalgas clavadas por su amigo; él saca el dedo hiriéndola, la toma del cabello y la voltea para restregar la colorada verga en la frente de Sylvia quien abre la boca para tragársela pero el la retira y la cachetea. La levanta del brazo la pone de perrito como cabalgando al paciente. Busca el clitoris para apretarlo, tan fuerte que ella sólo agita la mano en señal de rendimiento; cuando se cansa, irrumpe en el coño, raspa el falo ritmicamente contra la vagina reseca mientras le araña la espalda, y ocasionalmente le aprieta el enrojecido culo. El güerito siente alisarle los pliegues internos; ella las bolas que percuten sus nalgas. Sylvia busca el éxtasis con el vaivén de sus senos, aún con el ardor en las comisuras de la vulva y el martilleo en el vientre.
De pronto Ramón se retira con agresividad. y acuesta a Sylvia sobre el miembro de Jesús, sólo para aprisionarle la cabeza entre las piernas de este y cogerse la boca como si de un coño se tratara, al tiempo que se pone cara a cara con la del desvalido que parece dueño de la carne penetrada. Sonríe a los ojos del vegetal mientras balancea sus nalgas para hacer el unodós en las fauces de su fan. Sylvia no lucha, intenta zafarse de la pared que son los testículos de su amigo y la espada-verga de su amado. Ramón serpentea para atragantar a Sylvia que asfixiada está  apunto del desmayo. El catre cruje, ante el sometimiento de la puta fresa, que "hierve por dentro, y aprieta como nueva".
Deja de ahogar de improvisto a la niña, se levanta soltando los remos de Jesús, suelta un rugido pequeño con los ojos cerrados y escupe con el capullo apuntando sobre la cabeza de Sylvia, de tal modo que la leche cae en la cara del atropellado. Sylvia se asusta de la mirada impávida de Ramón y lo mira con curiosidad y miedo. Él la cachetea con la verga que retoma su tamaño y luego de una sonrisa prepara un escupitajo con el que bautiza a la casi ahogada.
- Puto loco! -Dice Sylvia con una mano en el pecho
- Puta Barata -Espeta Ramón tras azotar un montón de billetes en las tetas de Sylvia, se acomoda la ropa y se va.
Sylvia se pone de vuelta la tanga se quita la saliva de la entreceja, se acerca a Jesús y le limpia el semen que le escurre por la mejilla con la punta del vestido que ya se acomoda, lo toma de la cabeza para echar su cabello hacia atrás, esta a punto de besarlo en la frente cuando descubre un residuo de la semilla de Ramón, la quita con el dedo y la guarda en su boca. Da un paso hacia atrás, toma la mano de Jesús y la besa. Recoge el dinero y sale dando arcadas, a punto del vómito.

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