sábado, 4 de enero de 2020

Cartas para Alejandra: La Trama Y El Desenlace




¿Ya viste? aún hay tacos en la calle, y un oxxo, y muchos oxxos y dos licorerías, y la ciudad es más grande, y el tiempo más corto. Apenas son las tres de la mañana.
Llévame a casa, la mía no existe desde que la dejé por ti, vamos a ver gente y luces; traigo unos calcetines de puerquito navideño que te compré en el tianguis, por si tienes frío. 
Luego contarás, que una noche, cuando la edad te lo permitía, tomaste un camino secreto y confiaste en alguien que quería cuidarte y no te defraudó, y que fuiste tu propia canción, una de esas que hablan de no tener fronteras y sentir en silencio, de un día atreverse a romper en otro propio universo.
Vamos a cenar y luego te llevo a casa... no, mejor vayamos a la terminal y retomemos el viaje a Querétaro, regresamos mañana, hoy quiero brindar contigo.

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Te marco al llegar al lugar que el Uber señaló como el indicado, te asomas por la ventana para pedirme que te espere; salgo del carro dudando si es pertinente. Abres la puerta y sales con tu perro, te despides de tu hermana y me rodeas con un solo brazo, en tu voz sonó una sonrisa, en mi pecho un grito alimentaba en forma de eco la presión de mi sangre. Quise preguntarte sobre tu novio, al fin el vive cerca,  preferí dejarlo pasar para que el momento fluyera. Así lo prefieres, ¿verdad?

Dos paseantes distraídos
Han conseguido que el reloj de arena de la pena pare
Que se despedace
Y asi seguir el rumbo que el viento trace

Nuestras manos en el pecho de Coffee, es cierto sus latidos son débiles, pero siento una vida en su corazón, tu mano sobre la mía para guiarme sobre uno de tus seres amados, me lo confías mientras me platicas por qué me pediste que viniera por ti. No entendí la gravedad del malentendido, mucho menos porque apuntas que la hermana con la que discutiste llegaría hasta mañana y para la otra seguías siendo su bebé, te escucho pero me pierdo en los detalles y dudo de la fuerza de tu argumento para llamarme a las tres de la mañana.
Rápido acabas con tu relato y me hablas de tu tarde y de tus planes a mediano plazo, como si al rato no fuera a amanecer, esa proyección tuya me acaricia las mejillas. Cada palabra la pronuncias como si fueras una niña contando de los juegos del recreo, parece que tienes más curiosidad que yo en tu propia historia, por esa suavidad siento un agradecimiento que no me interesa pero me arrulla dulcemente.

-Pediré mi titulación a las siete de la mañana para que te levantes temprano... la voy a pedir a las siete vas a ver
- ¡ah no que!, no me voy a levantar, no voy a ir (el taxista me mira por el retrovisor y sonríe, sabe que miento, que iría si tu quisieras. Baja la velocidad del carro, sabe cuanto me gusta estar contigo)

Tu brazo está bajo el mío, ahora Coffee está a tu izquierda, ya no te acompaño, ya vamos juntos y si chocamos, nuestros cadáveres no quedarían demasiado lejos, ¿cómo sería el encabezado de "El gráfico"?

Y sin planearlo tú acaso
Como quién sin quererlo va y lo hace
Te vi cambiar tu paso
Hasta ponerlo en fase
En la misma fase que mi propio paso

Miro el paisaje mientras el carro va por la misma ciudad de siempre, el mismo camino y la misma relación entre tu y yo, de tensión lejana, sabes  que no  puedo herirte y que no me puedes querer. Recorro las tiendas, los negocios cerrados, las casas, los hoteles, las estaciones del mexibus como esparciendo semillas, para florear la avenida con tu recuerdo; se que no volverá a ocurrir así que observo cada detalle antes que a ti. A ti me basta con tenerte cerca, a la ciudad no la tendré de nuevo vestida de oro.

- Eres el amigo más lindo que tengo
- No que, no soy tu amigo. Me caes mal (lo digo con cierto resquebrajamiento de la emoción, el conductor vuelve a mirarme por el espejo; es la mirada de un hermano mayor que no sabe como proteger al Benjamín)
- ¿Cómo puedes hacer cosas tan lindas y no querer ser mi amigo?
- No tenía otra cosa que hacer, además no tenía sueño

¿Amigos dijiste?, no nunca, no quiero una amiga para sacrificar mi sueño, te quiero para hacer del ruido un espacio más grande que el silencio; con los amigos uno tiene un lecho para soportar las emociones. Te quiero para arriesgarme a que me hagas daño, para que seas el punto que media entre la más súbita alegría y el dolor más grande, ¿no es ese el intervalo de la vida?. Sí, me gustas para salir en la madrugada, cuando uno no sabe si es noche o día, para que no seas la comodidad de mi vida, que seas el mundo paralelo que quiero explorar; que seas el paisaje que se mira desde el vértigo de una cumbre de difícil acceso, en donde acamparía un siglo. Es que te quiero porque somos tan extraños uno del otro, porque me falta lo que eres, serás por ser una cumbre a conquistar mi enemiga.
Ni tus palabras logran dañarme, estoy contigo, mucho mejor que estar dormido.

A paso lento, como bostezando
Como quién besa el barrio al irlo pisando
Como quién sabe que cuenta con la tarde entera
Sin nada más que hacer que acariciar aceras

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- ¿Cómo puedes ser tan lindo y no querer ser mi amigo? -reiteras-, o ¿para que viniste?, ¿para amenazarme y que viera que eres peligroso y por eso andas de madrugada por las calles? ¿O porque secretamente tienes corazón de pollo y te importa lo que me ocurra?. Coffee y yo te lo agradecemos.

Por primera vez veo tu cara y noto que no lo había hecho en todo el rato, tu me veías directo como si ya hubieras encontrado el perfil en el que peor oculto mis emociones, ¿es que ya llevabas rato mirándome?. El caso es que te encontré en un angulo y te supe espectro porque al verte sólo hallaba ansia, el vacío de un aroma que permeaba en todos los rincones del auto, excepto en ese de donde provenía tu voz, y fui un perro, otro perro que no era tuyo, a la caza de una presa y que viraba a ti sólo para comprobar la esencia que a partir de ahora habría de perseguir en todas las esquinas y muros en los días sucesivos.
Aún sigues con Tu Novio.

Y sin planearlo tú acaso
Como quién sin quererlo va y lo hace
Te vi cambiar tu paso
Hasta ponerlo en fase
En la misma fase que mi propio paso
Ir y venir, seguir y guiar, dar y tener
Entrar y salir de fase

Tu, la que sentía frío, no me era suficiente como hallazgo, me urgías a seguirte buscando aún si tu respiración se abrazaba con la mía. Sí, eras tu el foco, pero el instinto me obligaba a que mis huesos se acomodaran en otra dirección para encontrar eso que en ti que me era necesario y que nunca podría robarte; ¿no consiste acaso en eso la alquimia?, ¿en hallar el elemento esencial del oro en las rocas más vulgares?. Pienso en cuantas veces la historia se habrá formado a partir de las imposibilidades emocionales.

Fue un salto ínfimo
Disimulado
Un mínimo cambio de ritmo apenas
Un paso cambiado
Y dos cuerdas que resuenan con un mismo número en distintos lados
O el paso exacto de dos soldados
Como dos focos intermitentes
Súbitamente así, sincronizados

No nos veíamos desde el día de nuestro viaje. Con esta noche acabaste con la pesadumbre de no saber si algún día sería algo para ti, logré que una madrugada tuya fuera mía, que un chispazo de tu juventud lo vivieras conmigo; terminaste con la angustia de no saber si te vería antes de acabar el año. Una vez me dijiste que una plática era poco para conocerme, cómo si quisieras profundizar en mi. En Guanajuato mencionaste que no te enamorabas de nadie que no hubiese sido antes un ávido platicador o juglar, porque te gusta viajar y que ante la imposibilidad de conocer el mundo entero siempre requerías de alguien que tuviera las piezas que te faltaran. Una persona sin embargo normal, sin pretensión, de naturaleza intrépida, que se revelara sin fanfarrias, porque te gustaban las personas sencillas.
Todas esas charlas de horas, durante el viaje y las madrugadas de facebook se resumieron en el momento, algo había logrado para el mundo conquistando ese asiento a tu lado. Sabía que por la mañana llovería, en tanto celebraba internamente contar con un álbum de la memoria para repasar una nostalgia que, por contar con tus ojos sonrientes, por primera vez no traerían dolor a los cristales mojados del costado de mi cama.

Dos paseantes distraídos
Han conseguido que el reloj de arena de la pena pare
Que se despedace
Y asi seguir el rumbo que el viento trace

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Le digo al conductor que a partir del puente tu le dirás a donde dirigirse, me siento bien de poner una parte del mundo a tus pies. Antes de salir preparé mis cosas, me dije que quizá no llegaba, y si bien no creí que tu deseo fuera pasar la noche en mis brazos me hubiera gustado no volver hasta la mañana siguiente a mi exhogar. Mientras avanzábamos se desvaneció la idea de que quisieras ir conmigo a otro lado, no solo porque cargabas a tu cachorro sino por tu naturalidad casi ingenua, como si el momento no se prestara para pensar en horas más intimas. Dejó de importarme, proyecté el triunfo en un plano más espiritual, donde no era tu piel la meta sino la confianza que me demostrabas. Gracias por dejarme ser tu protector.


Mi mano en tu cintura copiando a tu mano en la cintura mía[...]
Ir por ahí como en un film de Éric Rohmer
Sin esperar que algo pase

Los cinco minutos restantes, antes del arribo a tu casa, me regalaron las pocas risas que con mi sentido del humor pude obtener de ti, no te fueron caóticos mis comentarios ni el silencio fue ausencia. Me sonreíste un par de veces cuando entramos a tu calle. Volví a la normalidad, cual ritmo de efecto döppler, y las luces del carro se encendieron al abrir la puerta, como recordándome que instantáneamente el pasado ya era más luminoso. Te bajaste del carro, me agradeciste por ser tan lindo.

- Ojalá un día vayamos por unas chelas con las chicas
- (Reprimo el ceño fruncido) si, luego vamos
- Esperas a que abra la puerta va?
- si
- Oye, quiero verte pronto
- Claro, ya luego lo platicamos

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Regreso a casa enchido de orgullo, dolido por el poco tiempo, furioso porque lo último que dijiste acerca de estar de nuevo conmigo incluía a otras personas. La esperanza es un delfín en las manos del agua, justo cuando se está afuera de la cotidianidad caemos de vuelta, como si visualizar nuevas realidades fuera apenas una cortesía de las cadenas de la naturaleza. Pasé de ser un héroe a convertirme en el guardián de la reja.
Paradójicamente mi mundo hubiera entonces funcionado mejor si realmente hubieras estado en peligro, si algo de mi sangre se combinaba con la tuya en el abrazo de la huída, para que me vieras de frente, no a mi estatura sino a esa en la que te ponía, sobre el pedestal. Fue un problema de la trama, no hay héroe sin peligro ni santos sin sangre. Pero ahí estaba, nunca te vi más de mi tamaño, y pensé que lo romántico de la lluvia radicaba en la supervivencia de los amantes, en salir victoriosos del lodo, en compartir su fuerza para ser uno; sin embargo ahí estábamos peinados, secos, y mi ropa relucía y no me sentí digno, ¿por eso no admiraste mi odisea?, me falto sangre y te faltaron lágrimas. No se si es amor, vanidad o sadismo el añorar cicatrices tuyas y mías de esa noche. ¿Están sedientos de sangre los superhéroes?

Me gusta la historia, no cambiaría ir por ti para dejarte en tu casa y volver a la mía, sólo reescribiría el guión para no pensarme como defensor, quizá sólo como un fantasma, un perdedor o en el colmo del delirio Charlot, el personaje clásico de Chaplin.
La derrota estuvo en la ilusión

Te vi cambiar tu paso
Hasta ponerlo en fase
En la misma fase que mi propio paso
Amar la trama más que al desenlace

*Esta es una carta a mí abierta para ti, es un recuento de la tormenta que pasaba por mi cabeza en ese día inusual y satisfactorio. Esto con el motivo de que sepas que fuera del alcance de tus ojos hay mundos en los que eres protagonista.



martes, 26 de noviembre de 2019

Cartas para Alejandra: Por un segundo de tu cuerpo (parte 1)




¿Te acuerdas del Domingo que pasamos en Guanajuato? Ese día vi tus pies.

Entraste a la habitación luego de bañarte, mientras yo repasaba los objetos alrededor, precisamente el reloj minimalista, pues me llamó la dificultad de leerlo sin las lineas que marcan las horas. Una de las chicas apuró el paso para ganarme la regadera. 

En tanto me resignaba a esperar un poco más, sonaba a lo lejos el tema de Los Bukis, ese que reza: no hay amor infiel cuando se ama de verdad..., pediste mi opinión sobre la lealtad de las parejas. Giré para contarte el caso de un amigo partidario del amor libre, y te encontré sentada en la costilla izquierda de la cama, muy cerca de la cabecera, yo estaba en medio de la orilla inferior, ¿te acuerdas?. Abrazabas tus pies con la palma de tu mano para desentumirlos y extendías tus dedos para secarlos con los calcetines rosas que usabas desde el día anterior. 

Eran muy blancos, sólo eso vi antes de reexaminar al reloj, ya no su simpleza, ahora el cristal... más bien nada, escapaba de los fuertes latidos que me provocaste. En esa tregua sin aliento supuse que no conocías el poder de tus pies y no los cubrirías si me entornaba frente a ti... no traía gafas. Miré de vuelta y ya guardabas los calcetines usados en una bolsa y no reparabas en que te observaba. Me fijé en tus dedos, el pulgar sobre todo (es el que le da personalidad al pie) y vi que la punta estaba ligeramente levantada, como casi todos los pies de apariencia liviana.  Mi ceguera impidió saber si tenías las uñas de dorado, como las de tus manos.

Si, vi tus pies pero no ahondé en tu piel, ni en que son un asomo de tu desnudez; tuve una visión en el que la voluptuosidad aspiraba a explorar no tu superficie sino tu espacio. Es que vi tus pies y añoré desayunos, cenas, Domingos soleados; me inquietaron los momentos cuando tuvieras la naturalidad de descubrirlos, tu casa. Elucubré serte cotidiano, escucharte hablar una tarde de asueto en que desnudos los pusieras en mi regazo, confiada en que puedes dormir y serás protegida, ofreciéndome tu equilibrio; segura de mi.

Nunca más los vi, solo una tarde, meses después, cuando soñé que viajábamos a Querétaro, como lo habías prometido, tu y yo casi en secreto. En el sueño iríamos a ver a Jorge Drexler, pero el clima (siempre el clima) lo impidió, salías de bañarte y, en uno de esos inexplicables rizos del sopor, yo veía la escena desde una esquina superior de la habitación (la misma de Guanajuato), no era ya tu acompañante. Como una madalena sumergida, te recordé en tiempo vertical: Qué bien combina tu cabello largo y ondulado con tus pies desnudos, parece que esperas una tarde, asomada por la ventana de un cuarto oscuro, a que termine la lluvia para salir con un vestido marroquí. Si escribiera una historia llovería mientras te peinas, luego se iría la luz y te asomarías por la ventana, extrañando el día arruinado. Aguantando hasta la noche, perdiendo tu día, alegrando el de tu compañero que ha compartido contigo el silencio, mirando la silueta de tu espalda durante horas, sonriente y somnoliento al tiempo, adivinando en la penumbra lo polvoriento de tus pies. 



A tus ojos no me asomo, son ventana a una casa en la que nada me espera


viernes, 12 de julio de 2019

Días de Paso: Once de Julio



A Nancy

Amanecí triste el día que te invite a tomar un café cerca de mi casa, pero amanecí con la calidez extraña de un gran julio que ya estaba tardando en ser soleado. Toda esa mañana tuve de fondo una canción que habla de la pena negra, cortesía de mi roomie, no quise desayunar pero robé un pan para quitarle al menos el hambre a mi angustia. Recuerdo prender la televisión pero no lo que vi, o si es que realmente lo hice; me revolví hasta la tarde en las sábanas, como si tuviera que ocultar mi malestar a algún espía más solo que yo. Llegó la una y yo seguía despeinado; te escribí para preguntarte si podrías darme un espacio al anochecer, "porque confío en ti y se que eres buena consejera"; me gusta imaginar que sonreíste al responderme afirmativamente. 

Llevábamos ya un par de meses escribiéndonos por whatsapp cada cierto tiempo, por ejemplo cada semana (generalmente los miércoles), sin nada realmente importante que decir pero con toda la alegría de mi parte. Recuerdo haber llegado con demora esos días a algunas citas, al trabajo e incluso al cine por tratar de escribirte algún chiste que te hiciera gracia, si es que lo logré no me queda duda de que esos retrasos fueron las mejores decisiones de mi vida.

Dieron las lluviosas seis de ese once de julio cuando me mandaste un mensaje que decía que quizá no llegarías a la cita porque el carro de tu amiga no avanzaba y era horrible el tráfico. Quince minutos después confirmaste que si te vería. Cuando llegaste platicamos de cosas que hubiera preferido que no pasaran (las cosas no las palabras) y no por tristeza, sino por el tiempo perdido en recobrarse de lo que bien fue un llanto, así comprendí que lo malo no son las lágrimas sino las ojeras postreras ¿por qué no te conocí antes?

Lo que pretendí que fuera una charla motivacional terminó por ser un festejo de las ridiculeces de la vida y las anécdotas de todos los días, una foto de nuestra merienda queda en tu instagram. Regresé a mi casa motivado pero con el temor de una recaída en los abismos de la nostalgia pero no, llegué sonriendo, esperando primero que volviera la hermana duda o la madre tristeza... sólo llegó tu mensaje donde confirmabas que estabas bien en tu casa y me eché a dormir. Hoy sólo me molesta que llegaras a mi vida tan tarde aún si ese julio lo hiciste a la hora pactada, el retraso no fue en tiempo, fue en paz. De Alejandra, la mujer de quien huí a través de mi voz para que filtraras mi dolor apenas quedó la ira pero no el abismo, me hiciste tuyo y aún después de ti apenas me reconocería sin un pasado brevemente caminado a tu lado.

No escribo para que te acuerdes del día, ni para decirte que te quiero y que repaso por el corazón los momentos en que te volviste materia de tesoro en mi vida. Lo hago por vanidad, por la absurda necesidad de buscar un instante en el que haya señales de un hoy o quizá un mañana contigo; por la idéntica curiosidad de quien busca que un gitano le diga, por su mano, si habrá posibilidades de luego ser un santo. Quiero que me digas algo del café de esas horas, sobre la canela de las crepas o la sonrisa del camarero, algo que se pueda leer en términos de magia, como el orden que exige la brujería para ser efectiva.

Hace dos años de aquella tormenta y desde entonces te he hablado de los grandes días que he pasado contigo, de las horas que por ti se aquilataron en épocas, de todas las veces que me he resistido a separarme de ti al acabarse el día. De algún desayuno que tuvimos un Domingo, de celos míos, de un beso o de mis deseos pero nunca de que nuestros encuentros son para mi una búsqueda de signos del mundo. Busco una paleta de colores que hablen del futuro, no para ver si nos quedamos sino para saber si coincidimos, si no ahora sí luego, o al menos si en el pasado no fue un error que nos encontráramos. Es cierto hace meses que ya no hablamos, pero me ayudaste a llegar sin más heridas a este verano, fuiste un abrazo y eso me es suficiente.

por cierto, gracias por llegar vestida de rosa


viernes, 5 de julio de 2019

Así es la Aurora 3 (Actualización desactualizada)

Esta entrada fue escrita hace más de cinco años, por lo cual había olvidado del todo su existencia. Me parece interesante publicarla por la ternura que me da leer algo tan idealista que hoy en día sería incapaz de escribir, no tanto por su tono sino por parecerme tan ajeno a cualquier cosa que hoy en día escribiría y que de ningún modo pensaría o apoyaría si bien es una base para quien soy ahora. Si bien es un texto que intenta hablar del espíritu me es clara la manera en la que mi mundo ha cambiado un par de amores después. El título de la entrada, como de otras que dejé en el tintero de los borradores, remite al nombre de la mujer a la que considero hasta la fecha el amor de mi vida, aunque ahora todo se ha transformado.Publico el texto sin hacer correcciones de estilo o redacción y con un sonrisa condescendiente.



Desde hace algún tiempo he creído que cada cosa tiene un espíritu, esto debido a que, después de escuchar las diferentes opiniones sobre diferentes temas de mis compañeros y profesores, me he dado cuenta que definitivamente si hay algo que hermana a los hombres esto no es por cierto una visión metafísica del mundo, con esto me refiero a que, entre un ser (palabra que es por sí misma un asunto muy aparte) y otro la sensibilidad con respecto al universo se dispara de manera tal que sería un asunto irreconciliable hablar de una verdad o, cuando menos, de una realidad única que se salvara de la arbitrariedad.

Es por ésta misma razón que he pensado que la poesía, aún con sus declives (¿o simples cambios?), no muere; pues debido a la vastedad de cada visión, para cada cosa es posible encontrar una función según el momento que se decida ser glosado, con esto no quiero decir otra cosa sino que, a cada situación y para la propia variedad de estas, es posible utilizar cualquier elemento con el que, de alguna forma, pueda hallarse una analogía. Estos elementos pueden pertenecer al grupo de lo natural o lo sobrenatural y para lograr la conexión entre lo que sea que se elija representar se debe alcanzar un pensamiento propio, si se quiere partir de cero, que tenga la capacidad de soñar con lo tangible, es decir, traducir lo racional a lo irracional, hacer de cada parte fragmentable del mundo una pieza inamovible del conjunto que es creado, para no sentirnos perdidos en el caos, colorear la vida a partir de las miradas que crean y entienden, ¿no es eso lo que, después de todo, nos convierte a cada uno en protagonistas irreemplazables de la existencia?.

Ahora es necesario plantear la cuestión de la deshumanización, en cuanto a los asuntos del espíritu, y como se relaciona esto con lo anterior. A mi parecer, uno de los grandes problemas a los que nos enfrentamos en esta época es la inmediatización de nuestro comportamiento; y esto tiene que ver con la decadencia en los valores y la desaparición de cualquier sentido espiritual que no tenga que ver con una pertenencia estrictamente sectaria-religiosa. Llegado este punto, me parece pertinente aclarar que cuando hablo de espíritu lo tomo por el sentido de ese algo que le da una importancia a lo no-material y lo adscribe al subconsciente de cada individuo para que, mediante la información recibida imperceptiblemente, éste pueda comprender los parámetros básicos para convertirse en un habitante más.

Ésta conciencia espiritual no es sino una búsqueda interior de cada dilema personal, y sus respectivas intensidades, que debe ser reflejado en cada ser externo (animado o no) para así comprender los eventos que perturban lo profundo de cada cosa y su relación con nosotros. Y en este sentido conviene recordar que nada nos es ajeno pues somos parte de todo desde el momento en el que discernimos sobre aquello que nos agrada y lo que no, o incluso lo que nos es indiferente, pues hacemos un juicio a partir de una sensación interior, tenemos contacto por fuera para comprenderlo por dentro, lo inservible es cuando esto se aplica sólo a los asuntos banales.

El problema moral está relacionado con, lo que pareciera ser, un pensamiento que se ha propagado a tal punto de que cada uno creemos que el espacio en el planeta está hecho a nuestra disposición, y es por tal que en muchas ocasiones vemos a lo que nos rodea como simples muebles de nuestra cotidianidad, casi como si de un videojuego se tratase, y los elementos que no ayudan para el propio bienestar no son más que adornos para no estar solos o para decorar el suelo que pisamos; en otras palabras, nunca nos detenemos a pensar en el pasado del otro, en las vivencias o en las ideas, en su camino y en su destino, en su muerte y en su nacimiento. Es por todo esto que, al no lograr una identificación como compañeros de tierra y hermanos de viento, no hay un vínculo real que le de fuerza a una solidaridad auténtica que cierre filas frente a los embates de los tiempos, que siempre cambian de rumbo para golpear por todos los ángulos a la razón y a la virtud.

Bueno, para resumir, el objetivo último y primero de esta publicación es el de compartir mi idea sobre la importancia de no olvidar que la humanidad no es simple materia mortal, pues por cada ser en el mundo hay un universo entero que acrecienta lo ya de por sí vasto de aquello que se escapa del mundo terrenal.

Una de las cosas que me llevó a imaginar esto es el hecho de que la mayoría, si no es que todas, las personas que conozco, a pesar de que lo nieguen -o quizá sin darse cuenta-, creen en algo mágico, ya sea una situación, un momento, un objeto, etc. Esta creencia en lo mágico está al menos para mi bastante justificada, pues hay coincidencias, hay esperanzas- que no son más que la espera de coincidencias- hay entendimiento de la naturaleza, hay un gusto que rompe las fronteras de lo simple (por ejemplo la música, que no se ve, ni se siente... por medio de la piel). Esta conclusión personal está íntimamente ligada con el imaginario postmoderno que apunta a una desaparición de cualquier atributo que provenga del alma, o de cualquier lugar intangible; es por tanto que decidí aventurarme a demostrar lo contrario. Por otro lado, me parece menester aclarar que considero mágico al mundo de las ideas por el único hecho de que esta magia es la herramienta prima que nos apoya para vivir el entorno a través de lo visible, de suerte tal que nos distanciamos de lo que únicamente es utilitario, es por eso que somos.

Para explicar mejor esto se me ocurre que podríamos imaginar una piedra simple. Ahora como segundo paso pensemos en aquello para lo que esta podría funcionar, en primera instancia nos daremos cuenta que por sí sola no puede (o al menos eso parece) entender el sistema en el que se encuentra puesto que, al permanecer sedentaria, no tiene mayor alcance que su espacio mismo; sin embargo, esto cambia si la empleamos en una construcción, la cual seguramente daría un paso en dirección contraría de la perfección si careciera de una piedra específica, es decir el quehacer de las piedras está justamente en trabajar en conjunto para dar solidez a una obra. Es esta la lectura mundana que se le puede dar a una piedra a partir de sus características físicas como cuerpo material, pero el espiritu o esa caracteristica divina (entendiendo "divino" como lo que se aleja de cualquier explicación terrena) en dicha situación se reflejaría, en forma de metáfora, la idea de que un esfuerzo conjunto, que apoye cada punto de la estructura, logra mejor estabilidad en un todo, lo que finalmente nos enseña que quizá, y sólo quizá, si no hay componentes imprescindibles para el correcto funcionamiento de un mecanismo, si hay en cada uno de estos particularidades que consiguen que un resultado sea variable según la compatibilidad de las piezas. ¿Y dónde es que está la magia?, bueno pues la magia reside en que los humanos encontramos los fundamentos para nuestra vida ética, estética, metafísica y moral en los fenómenos naturales, en otras palabras, todo lo que somos y hacemos proviene de la inspiración eterna, esa que ha estado presente desde el inicio de todo y que nos ha visto nacer y crecer sólo para destruirla. Pero la imagen se hace más fuerte si tomamos en cuenta que, tal vez sean las rocas las piezas más despreciadas y menos respetadas en el orbe entero y, a pesar de ello, de carecer de pensamiento, de flexibilidad, de articulaciones, de sentidos, entre otras cosas, trabajan de forma tan organizada que lo mismo mantienen en pie a un rascacielos que engalanan al paisaje formando cuevas y grietas, cañones y montañas; y todo esto pueden hacer las piedras con sus limitantes, como si Dios quisiera darnos una muy directa lección para conducirnos como participantes de este planeta. Y con respecto a esto último creo que deberíamos afirmar, pues ya lo comprobamos, que si hay componentes a los que les faltan ciertas cualidades, no es definitivamente porque carezcan de ellas, es que simplemente no las necesitan.

Otro ejemplo, pero en el que ahora no se ve violada la esencia del objeto, es el de un bosque en el cual aún no haya entrado la mano destructora de la civilización. En él hayamos, como función útil, el hogar para una vasta diversidad de fauna y flora, un importante proveedor de oxígeno y un almacén para gran parte de nuestros alimentos; mientras que, por otro lado, este mismo bosque puede suscitar admiración debido a su composición natural, y eso sin perder su utilidad para la subsistencia de algunas especies terrestres, completamente corpóreas. Dicha dualidad funcional opera en absolutamente todo y en cualquiera de sus niveles (mundano o mágico), así que podríamos detenernos en este momento y hallar la contraparte de la utilidad de la escritura o de los fenómenos etéreos.


Es así como, creo yo, deberíamos buscar las metáforas para hacer una poesía personal que encuentre una correspondencia a cada fenómeno natural, para que de este modo más que hacer una poesía de contenido real, en todas sus esferas, y no en lo únicamente exterior.

lunes, 27 de mayo de 2019

Polvo

Hoy te espero desarmado,
no rendido
con ánimo de batalla,
abre la puerta.
Presume tus ojos, acabó la guerra.
En este pueblo a veces llueve en primavera
es común luego del bombardeo

Tantos años luchando
es inexplicable el silencio de una familia
quizá si rompiéramos un par de cosas.
Escoge las cortinas, cansadas del paisaje,
trae el florero donde guardas
los regalos de tus amores.

No es que no me gusten tus viejos vestidos
pero ¿que tal si hoy te desnudas?
quiero cerrar las cortinas,
estoy cansado de estar de pie
del mundo detrás de la ventana,
pero no la oscuridad
ilumina un poquito.

En los días de guerra
bastó tu recuerdo
No luché por una patria
es que evitaba la muerte
Supe que creciste un jardín
mientras llegaba

Se que puedes irte,
para que no marchiten los pétalos
como yo en la guerra,
no pido que esperes
a que mi frente desenrojezca
Como sea cierra la puerta,
hoy acabó la guerra.
Quiero una casa




miércoles, 18 de abril de 2018

Cartas para Alejandra: Una banda de gitanos. Por un segundo de tu cuerpo (parte 2)





Vi tus rodillas y apareció una banda de gitanos, no sé, me pareció tan alegre el color de tu tez, parecía que pocas veces tenían la oportunidad de salir al mundo, hipnotizan como un conjunto de percusiones trepidantes que llaman al baile. Sólo era piel y hueso pero se que sonreían. ¡Mira la foto! nada ilumina más la imagen, los faros detrás pintan de anaranjado nocturno el paisaje grisáceo de la ciudad pero nada más. Vinieron a mi cabeza retratos de una danza a la que no asistí, una de esas coreografías que se ahogan en vaivenes de telas de colores, quizá por la textura de tu vestido. Si, por eso imaginé una banda de gitanos: un grupito de ánimo luminoso que anda acompasado, que se turna los cantos: el mismo ritmo de tus piernas al caminar. Apenas una foto e imaginé una danza entera, vi un mundo que no podía ser estático. Es tan alegre el color que despiden que aún sin ver tu rostro sabría de tu gran día.

Tus rodillas acusan noche, el declive de una tarde de encuentros y abrazos, de cervezas frías y anécdotas chuscas. La fuerza de tus piernas niegan cualquier indicio de soledad, y que has ganado un hogar, una cama, el sueño mismo. Seguro es sábado, por la combinación de tu ropa con el ánimo, dermis color de las 12:00 a.m.

Miro la imagen y casi recuerdo brindar contigo, pero no te conocía entonces. Recreé el itinerario de tu jornada por el aura de tus rodillas. Vi la emoción de una despeinada aurora que prologa un día en el que se tienen planes: la velocidad atragantada de las horas que esperan grandes momentos, como el inicio de un viaje o el fin de un ciclo. Se dibujó de pronto en los nervios de mi piel la sonrisa con la que prometiste una madrugada a tu compañero de baile. Creo que el deja vû se debe a que te percibes tan rodeada de cariño, alegre y acobijada, tanto como me gustaría que te sintieras estando sola conmigo. Proyecté mi esperanza.

Vi tus rodillas y pensé en un bebé, sin soberbia, ignorante de la perfección de su piel, necesitado de un abrazo, envuelto en ropas brillantes. Lo imaginé dormido, amando sin saberlo, con una de sus manitas vencidas rozando el alto pecho de su madre, cerca del cuello, acariciando el escote. Tenía la cabeza expuesta ligeramente fuera del rebozo, inocente de las tormentas, seguro de su fuerza. Así tus rodillas, frágiles en apariencia, sutilmente flexionadas con un atisbo de cansada tensión, que se adivina amable por el huequito que las adorna. Calladas por lo uniforme de su textura, olvidadas de si, lejanas de la pasión que evocan en su observador silente -como una madre con su hijo-. Un niño gitano que reclama los besos de quien al mirarlo encuentra remansos de paz.


Pienso en tus rodillas y en lo que dicen de mi vida, en los nervios que mueven para proyectar mis deseos. Busco en los recuerdos, pienso en los gitanos que leen las manos y me asusto del destino fuera de mi alcance. ¿Soy yo el gitano por adivinarte? ¿o lo eres tu por despertar la magia?, ¿somos los dos? Una banda de gitanos.


Me pregunto, imagino, me ilusiono, busco una respuesta que nunca llegará.(*2)







(*1) La foto la encontré en uno de tus albumes. Estás con un amigo, lo abrazas como cómplice. Llevas un vestido café y sonríes como agradecida, parece que la foto fue un poco apurada pero con gusto. La imagen es muy alegre, en ella entreveo muchas cosas de tu carácter, por tu sonrisa, por el abrazo, por la ropa (cuando pienso en ti llevas ese look). 


(*2) No hay metáforas en esto, es una asociación automática, subconsciente. La realidad es justo esa: vi tus rodillas e imaginé un grupo de gitanos, sin más. El resto tiene que ver con la explicación racional que busqué para argumentar la correspondencia entre tus rodillas y este grupo: quizá un momento de mi vida, las circunstancias en las que entré en contacto con ellos, prejuicios acerca de las condiciones de los mismos. No sé, dudo hallar el motivo y no importa, porque siento una afinidad particular con los gitanos y el hecho de relacionarlos contigo me hace feliz. Un fenómeno parecido a asociar un nombre con una imagen no del todo coherente, o de pronto las recurrencias que tenemos con el aroma de un perfume.




domingo, 9 de julio de 2017

La belleza de ser un perdedor



A Edith, que odiaba escucharme decir que soy un perdedor

No busco a un héroe por la cantidad de sus victorias sino por sus aventuras. Me gustan los humanos que tienen la fuerza para caminar aún con el corazón destrozado y los huesos cansados; aquellos que se saben mortales y aún buscan el encuentro con fuerzas desconocidas, casi mágicas, seguro divinas. Me enamoro con seguridad de quien tiene la capacidad de ser creyente no por costumbre sino por experiencia, de todo aquel que lleva en el espíritu las cicatrices de toda vez que ha peleado por tirar las barreras que evitan el encuentro de las almas. Siempre prefiero a las personas que sonríen con las manos vacías, desarmadas, con sólo rastros del tesoro perdido. A los perdedores.

Para ser un perdedor no es necesario ser derrotado, y nunca será permisible darse por vencido. Basta construir castillos de arena sobre el movedizo suelo del deseo, soñar con una vida en ellos y dejar que se derrumben uno tras otro, con la fe de que el siguiente será un hogar. Hay que ser obstinado en sostenerse con uñas y dientes de las ilusiones, de las nubes donde una vez nos prometieron que paseaban los ángeles.

La belleza de ser un perdedor radica en no dejar ir la esperanza, no se trata de andar con las manos vacías, se trata de entender la falta como un espacio por explorar, de buscar consuelo idealizándose como un Ulises libre e inaprensible, aún si en secreto se sabe que cambiaríamos todas nuestras andanzas por amanecer abrazados a esa mujer a la que con una mirada velada le rogamos que no ignore el espacio que nos separa.

Los perdedores llegamos tarde, a las citas y a las vidas, llegamos cuando ya nadie espera. Y nuestro arribo nadie lo hubiese percibido. Entramos a las fiestas a querer bailar pero nuestro tiempo lo desperdiciamos en bohemias interminables sin danza y con la música ignorada. Maldecimos llegar a una pista a pensar en los amores que se nos escapan, no de los brazos -eso fue hace tiempo- sino de la memoria; observamos la alegría que brota en caricias y risas de los contertulios, pensamos en que la noche acabará y la grandeza del mundo quedará reducida a un cúmulo de memorias y obsesiones, entonces brota un lamento por la suerte de nunca lograr que una de esas mujeres de ojos y baile insoportables tenga la naturalidad de descubrir su piel para nosotros. Envidiar no al hombre que la toma de la cintura y provoca su libido; envidiar la imposibilidad de ser ella y disponer de su belleza de tal manera que sólo podamos asombrarnos de ver a Dios. Y es que los perdedores somos magos sin magia, miramos un poco más que los demás sin la posibilidad de hacer. Somos simplemente idiotas con algo de esperanza (lo único grande que pueden tener los idiotas). Porque encontramos luces en cada túnel y de pronto se nos acaba el mundo. 

Somos los que caminamos por el mundo y nunca fincamos residencia

Los perdedores andamos la vida, esperando la hora de irnos a dormir, salimos aguardando la vuelta a casa. Nuestra característica es nunca encontrar un hogar y vagar  todas las tardes posibles, sentarnos a descansar viendo pasear a la gente, o la ausencia de esta, esperar a que la noche vacíe la calle y entonces quizá, sólo quizá, alguien igual de solo camine indefinidamente y con una sonrisa nos reconozca. Los corazones solitarios siempre se encuentran y se alejan en encrucijada.


Somos los más grandes vanidosos del mundo, es obligación espiritual huir de lo que nos hace bien para seguir al deseo, aún si es tortuoso, en tanto sea estético y excitante para el alma. Pues los perdedores, a falta de virtudes, no tenemos más que escuchar o ver, admirar toda la belleza como si la penitencia a nuestra culpa ancestral por siempre querer irnos, y no proteger el tesoro que nos ha sido regalado, fuera justamente el don de hallar la perfección y nunca tenerla. Y es que cuando se recorren kilómetros no se busca que el amor nos encuentre errantes como si de La llorona se tratara, construimos, a cada paso, mapas esperando una tierra prometida, nuestra tierra. Quizá la muerte.

*No revisé el texto, la ortografía la redacción, la coherencia o la la idea misma. Es un cúmulo de ideas tras una partida inevitable, dolorosa y definitva. Perdón por los inconvenientes que esto pueda causar. Hay obvias referencias a textos de Rubén Bonifaz Nuño y Jaime Sabines, es aclaración