
La Aurora, que no brilla ni resplandece, pero que llama a sumergirse en otro mundo posible, aunque intangible de tan lejano.
Esta es mi Aurora
¿Que es la Aurora?
Es el recordatorio divino que condena la ilusión de imitar la naturaleza, porque no hay más artista que el inventor de todo lo que se imita, es la muerte del genio. La Aurora es el resumen de la vida, es la belleza y es la verdad, es la ilusión y es la razón, es lo divino y es lo terreno, es la muerte que la vida conduce.
La Aurora y el Otoño: De su presencia y su recuerdo, de su nacimiento y su persistencia
La Aurora gusta del otoño, porque no hay lluvias, porque no hay cielo nublado, porque solo vive el bruñido tenue de su llamada, porque no hay quien obstine para adorarla, porque se nutre de las lágrimas y del delirio. Es por eso que la Aurora no da, a manera de amoroso obsequio, su presencia, da su luz para ser amada, no para amar. Es un regalo que se adueña del ser, que sólo es aprensible para los dioses y los artistas, como todo lo mágico, como todo lo divino.
Dios como artista o la Aurora como su obra maestra
No es la Aurora mi musa, porque las musas si bien son inalcanzables saben entregar el corazón, la Aurora es el arrebato sin piedad; las musas alientan al sopor de la genialidad, la que con fantasía nos acerca a la iluminación. La Aurora es, aún con todo su esplendor, el retrato de lo oscuro de nuestra naturaleza. La luz más hermosa por su intensidad enceguece y nos condena a las sombras.
La Aurora es la ilusión de ser Dios y es la muerte del sueño de quien se quiere Dios.
Nació el seis de enero porque llega como presentación para el mundo, como beso a las pupilas, como caricia al corazón. Epifanía que enceguece la visión terrenal.
Porque en ella se resume el regalo que en la memoria del mundo se ha grabado, el regalo que en en el sexto día del año Dios mandó para sus hijos; la Aurora es el regalo divino, tiene el brillo del oro, lo etéreo del incienso, y la magia sedante de la mirra, es el regalo que sólo se alcanza cuando se mira a las estrellas.
Por eso la Aurora puede ser considerada como la primera pintura en el planeta, como la primera obra maestra, la que fue creada por Dios para demostrar que los colores son muestra mágica de la realidad, pues de lo contrario el mundo sería entendido a partir de formas sin el participar de la luz; la Aurora es la paleta de colores que usa Dios para pintar el día, por eso entendemos que los colores dan vida y movimiento. Por eso que mi vida bebe de su recuerdo desde la primera luz de la mañana.
Si la Aurora es amor y Dios regala amor, entonces Dios nos burla regalando la Aurora.
La Aurora o la representación del alma pura
Generalmente es aceptado que el alma, si es que existe para las sociedades modernas, es albergada en el cuerpo, no obstante de ser así el alma estaría por completo subordinada a los designios del cuerpo y sería este el que otorgaría una identidad a cada ser. Por eso es imprescindible recordar que no necesita al cuerpo, es un manto traslúcido que reviste el cuerpo e impregna de perfume los cinco sentidos que este impulsa. Por eso es que el amor es la distancia que media entre los amantes, porque en su purificación se funden y entienden lo tangible del ser, del otro ser, que es al mismo tiempo él propio, por eso se identifican y hacen uno, por eso lo irrompible de una sindéresis, por eso lo inalcanzable, por eso el dolor, por eso mi dolor, y todo lo demás.
Pese a esto, el alma si está encadenada al mundo terrenal, ya que mientras exista un cuerpo al cual darle substancia no puede esta liberarse del peso material que significa estar vivo. Está encadenada pero no subordinada, aunque casi siempre limitada.
Si es el alma lo que nos identifica como ser, y es el cuerpo el que le da sólo fondo, es entonces la Aurora un alma que se deja ver, ahí lo fastuoso de su vestido. Es un alma que de tan perfecta ha abandonado el cuerpo para tornarlo luz, que lúcido es quien la ama y loco quien alcanzarla pretende. No necesita quién la ilumine, pues tras ella nada hay, o al menos nada que tanto importe.
El empuje de la Aurora Vs El deseo de una vida acuática
El cuerpo humano siempre tiene mecanismos de defensa para responder ante las amenazas de lo externo, en el caso del dolor causado por la Aurora, usa las lágrimas para construir con ellas un océano, un océano en el que se refleje, y se hagan tangibles y maleables sus colores, un océano en donde amparar nuestra propia Aurora, que reta a la Aurora, porque la ha imitado y la ha modelado a su manera. Debido a esto es que se ha vuelto menester llorar al sentirse enamorado, pues como única confrontación a lo real tenemos las ilusiones, que de alguna forma nos acercan a la materia de lo ideal.
La Aurora por lo inaccesible de su ser sólo puede mirarse en el amor o en el mar, esos son sus refugios que eliminan todo consuelo, pues ambos son fronteras para los sueños, el primero de manera etérea, el segundo de forma material, y sin embargo ambos representan limites para que sea posible aspirar a algo más lejano, más eterno, más trascendente, y por consiguiente logra que el lamento sea más prolongado y nuestra esperanzas más destrozadas.
Del nombre de la Aurora y su omnipotencia
La conocemos únicamente por su segundo nombre porque no es posible pronunciarlo completo, pues decirlo significaría que su misterio ha sido desentrañado y por lo tanto conocerla del todo. Le llamamos Aurora por lo mágico visible de su ser, por lo que conocemos que es su inaprensibilidad, no le llamamos de otra forma porque no sabemos nada de su misterio. Es pues su nombre completo reflejo y conjución perfecta de lo que es, de lo que yo entiendo, y de lo que se puede tener.
Es su nombre oculto, por la erudición de su misterio y por su forma de deshacer lo máximo humano divino que es el saber, Sofía. Nombre prohibido si de La Aurora con éxtasis de beatitud embriaga y mata a la razón que explicarla no puede, porque no muere quién a la sabiduría vence y es más sabio como sólo es lo omnipotente, y trasciende y marca un puente de lo humano al más glorioso estado, porque de todo lo real manifiesto en el mundo es lo más próximo que lo inefable se ha acercado, por eso es lo más sagrado que hay en la tierra, y por lo visible, por su colorido estruendo, por lo que la hermana con lo paradisíaco de lo mortal (el sueño), es lo más terrenal que en el sueño del infinito hay.
Por eso cuando encarna, como toda promesa, como todo sueño que lleve fe, cuando es posible sentir una piel aunque sea sólo de forma potencial, es una mujer de hipnótica sabiduría y se llama Sofía Aurora. Es la verdad de la gracia celestial, es la prueba de la insignificancia humana, es el testimonio de que nada se alcanza si no se lleva en el alma el soplo divino del azar y el beso condescendiente de alguna alta providencia.
La Aurora se ha encarnado a la altura de lo efímero, sólo para demostrar que si bien es una complacencia de Dios, no es para que seamos nosotros los venerados, sino para aprender a amar y a no olvidar que, en lo alto que se puede aspirar, se encuentra nuestra pequeñez en la forma de incapacidad para concretar las ilusiones.
Y pues si, feliz cumpleaños Sofía Aurora
[¿]A la Aurora como al destello lunar[?], nada mejor, el brillo del mar.